Laura Valencia Cadavid
Cuando somos pequeños nos enseñan a hablar, y las palabras llegan a nuestro imaginario como una solución valerosa para dar sentido a la complejidad del mundo. Aun así, casa no es lo mismo para ti y para mí, a pesar de que nuestro mayor deseo sea entendernos en el momento en el que tú dices casa y yo escucho el sonido de esa palabra que ya me es tan familiar, porque casa no es lo mismo que choza, o apartamento, o el lugar dentro del contexto que llamamos «casa».
El lenguaje es nuestro pero se nos escurre entre los dedos. Parece un acto terco sin llegar a ser rebelde el seguir intentando aprender a verbalizar la realidad cuando esta misma es tan frágil. Frágiles son los elementos que conforman el mundo, frágiles son sus nombres, frágiles son nuestras memorias para recordar cada una de estas definiciones.
Las palabras son traicioneras, pero son el camino más cómodo que tenemos para transitar el mundo, por eso son necesarias, por eso cuando somos pequeños nos enseñan a hablar.
