Mural paste Up
Antes de ser ciudad, Medellín fue montaña. Los cerros se guardaban bajo la niebla
y el verde, hasta que, poco a poco, empezaron a cubrirse de casas. Entre las
décadas de 1960, 1970 y 1980, miles de familias llegaron desplazadas por la
violencia en el campo y la falta de vivienda, buscando un lugar donde echar raíces,
con la idea de ciudad y sus aires de progreso. Así nacieron barrios en las laderas:
fruto de la urgencia, de la invasión y de la autoconstrucción.
Sectores como Robledo, Castilla o Doce de Octubre fueron primero cerros
empinados, cubiertos de matorrales y senderos, y se transformaron en barrios que
trepan por la montaña. Allí donde antes corrían quebradas y pendientes abruptas,
hoy se abren calles estrechas y casas en ladrillo; paisajes en los que aún late la
memoria del cerro bajo cada construcción.
La intervención en el muro de Maracaibo, a partir del rastreo de fotografías de
álbumes familiares, registros del inicio de esa vida en la ladera: las primera casas,
los caminos de tierra, abiertos entre trochas, la montaña que todavía se dejaba ver
detrás.
La obra propone una reflexión sobre cómo los procesos de invasión y
autoconstrucción dieron forma a un paisaje que hoy es inseparable de Medellín. Las
montañas transformadas en barrios son también la memoria viva de quienes
llegaron a habitarlas, con historias de desarraigo y resistencia. Entre la nostalgia
por la montaña que fue y la complejidad de la ciudad que la cubre, el mural busca
hacer visible lo que suele permanecer oculto: la memoria de la ladera. Una memoria
que no desaparece bajo el concreto, sino que se filtra en las calles empinadas, en
los muros de ladrillo y en los álbumes familiares que todavía guardan el recuerdo del
cerro. Esta reflexión se propone en el marco de la celebración de los 350 años de
Medellín, como un gesto para recordar que la historia de la ciudad también se
escribe en sus laderas.
Inauguración el próximo viernes 12 de septiembre a las 5:00 p.m.
